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Trailer de Capitán América: Civil War

¡Ya está aquí!

Se ha hecho de rogar, pero ya podemos ver el trailer de Capitán América: Civil War. Los últimos rumores que leí es que se iba a proyectar con Star Wars VII, pero parece que al final han decidido adelantarlo. Bueno, no me enrollo más, aquí os dejo el trailer en cuestión.



Solo una cosita:

¿DÓNDE...
...CARAJOS...
...ESTÁ...
...SPIDERMAN?
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¿Por qué me encanta el final de Perdidos?


Lo normal al escribir una entrada de este tipo es explicar un poco de qué va la serie en cuestión, pero creo que dedicar tiempo y espacio al hablaros de Perdidos es absurdo. Todos sabemos qué es Perdidos, todos sabemos de qué va y la repercusión que tuvo en nuestras vidas esta mítica serie. Así que voy a pasar de eso y os voy a contar por qué para mi su final fue, no solo el mejor que podía haber tenido, sino uno de los mejores de la historia de la televisión.

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Hablando de extraterrestres, por Lince Smith



¡Buenos días, Eternos!

Soy Lince Smith, protagonista de la serie Desde el infierno. Carlos me ha dado acceso al blog para que escriba algo. Está muy ocupado con un par de trabajos que le han salido y escribiendo la nueva aventura de Víctor y me ha pedido que actualice yo el blog. Así que aquí estoy, recordando viejos tiempos, cuando mantenía mi propia página web de sucesos paranormales. Se llamaba Desde el infierno. Carlos tampoco se comió mucho la cabeza para ponerle nombre a mi serie.

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TVE confunde la Alianza Rebelde de Star Wars con ISIS

Pues sí, parece que e r igor periodístico en España brilla por su ausencia. A la cagada del otro día de confundir a un informático canadiense con uno de los terroristas de París, se suma hoy el símbolo de la Alianza Rebelde de Star Wars.

No soy periodista pero, vamos, opino que un periodista debería contrastar las noticias de las que informa y la información que da ¿no? No pido que el periodista en cuestión sepa cual es el símbolo de la Alianza Rebelde, pero sí pido que sepa cuál no es el de ISIS. No sé si me explico.

En fin, historias de esta España nuestra. Os dejo con la foto.


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Escribir = sacrificio


Ayer leí un post de Facebook de Daniel Estorach que me hizo pensar. Sí, porque yo a veces pienso. Luego me atacan las migrañas, claro, pero esa es otra historia. El post en cuestión hablaba de los crowfundings para publicar libros, hacer películas o lo que se tercie. Normalmente en estas actividades se recauda dinero para la impresión, para pagar un diseñador para la portada, maquetación...

Pero ¿qué pasa con los autores? ¿No tienen derecho a ver recompensado su trabajo de forma económica? A veces pensamos que los escritores no necesitan dinero. Como si fueran entes fuera del espacio y el tiempo. No sé, yo soy escritor (o lo intento) y de vez en cuando me gusta comerme una pizza. Soy así de raro. También pago luz, agua... Ya sabéis, esas cosas que hacen los mortales.

Y muchas veces, con iniciativas como las de los crowfundings de este tipo, somos nosotros mismos los que estamos devaluando nuestro propio trabajo. Igual que poner nuestros libros en Amazon a precios de risa (sí, yo también lo he hecho. Y me he retractado. Ya hablaré otro día sobre el tema) o, peor, publicar todo completamente gratis. Cada cual es libre de hacer con sus novelas lo que le de la gana, por supuesto, pero debe ser consciente de lo que está haciendo.

Sí, ya sé lo que me vais a decir: «¡Eh! Pero tú pusiste el otro día una novela gratis. ¡Y vas a poner más, capullo!». Pues sí, es interesante que saquéis ese tema, porque hay una diferencia. Una cosa es poner todas tus obras completamente gratis, y otra distinta, regalar una de las diez o doce que tienes publicadas para que la gente te conozca. O escribir pequeños relatos para complementar tu saga. Hay una diferencia.

Aclarado esto, hay algo que, como lectores, tenéis que saber. Y aquí no voy a entrar en materia de piratería porque, al fin y al cabo, cada uno de nosotros tiene su propia opinión al respecto y es algo contra lo que los escritores no podemos luchar. Yo voy a hablar del autor, de la persona.

El autor de ese libro que te ha gustado tanto no lo escribió mientras dormía, no. Al contrario, no dormía para poder escribirlo. Ese libro que tanto te ha molado tampoco fue escrito por su familia, que va. Al contrario, el autor no estuvo con su familia para poder escribirlo. Esos personajes, esas tramas que te han hecho soñar, no aparecieron gracias a las musas. Fue producto de un intenso trabajo por parte de la persona que hay detrás de esa historia. Las cosas no vienen solas en esto de escribir novelas.

Tampoco penséis en el autor, como esa persona, sentada en una cafetería, observando a todo el mundo para recopilar ideas. ¡Que va, hombre! Un escritor se levanta a las seis de la mañana y, con los ojos pegados por las legañas, se sienta frente a su ordenador, con una taza de café humeante en la mano y escribe lo que buenamente puede antes de que den las siete y media, porque se tiene que arreglar para ir al trabajo.

¡Ah! ¿Qué pensabais que escribir era su trabajo? Pues depende, si está en paro, pues a lo mejor sí, pero lo normal es que tenga un empleo de ocho horas o cosa así. Empleo al que se va a las ocho de la mañana y del que no vuelve hasta las ocho de la tarde. Y después tiene que estar con sus niños (si los tiene) o ir a la compra.

Cuando llega el fin de semana tiene más tiempo para escribir, claro que sí. Pero también tiene que dedicar a su familia el tiempo que no le ha podido dedicar a lo largo de la semana. Lo que significa que en sábado y domingo, sigue levantándose temprano para escribir. Para poder hacerlo todo.

Por fin, después de un año madrugando e intentando hacer diez mil cosas al mismo tiempo, llega el momento de la publicación. Da igual si va con editorial o por libre, hay una cosa de la que no se libra casi ningún autor: promoción. Quien diga que un libro no tiene que ser promocionado, es que no tiene ni puñetera idea de qué va el mundo. Puedes escribir una auténtica maravilla, la mejor novela de la historia, pero si la gente no sabe que existe, no vendes. Punto pelota.

Así que ahí que se pone el tío, a idear planes de marketing, escribir relatos que amplíen la historia, publicar posts en su Redes Sociales y en su blog. Ah, pero... ¡espera! Todos sabemos que después de la primera novela viene la segunda. Así que, al mismo tiempo que publicita la primera novela, tiene que escribir la segunda, llevar a los niños a la guardería, ir a trabajar ocho horas diarias, pasarse por el Mercadona a comprar pescado, dedicarle un ratito de vez en cuando a su pareja y, si hay tiempo, visitar a su madre.

Eso sin contar con los rollos psicológicos que nos montamos a veces los que escribimos historias. ¿Funcionará esta escena? ¿Y este personaje? ¿Tiene gancho? Mejor reestructuro el guión. Si no hago guión, reestructuro la novela entera. El estrés que genera una vida así te hace escribir un poco regular, lo que implica corregir, repasar y poner tildes donde se te hayan escapado.

¿Y todo esto para qué? Para que el lector tenga su historia, sueñe y disfrute. ¿A cambio de qué (económicamente hablando)? De un dinero que apenas te llega para comprar el pescado del Mercadona.

¿Qué quiero decir con todo este tocho que os he escrito? Que el autor de un libro tiene la poca vergüenza de vivir, el muy capullo. Que está quitando tiempo a su familia, a sus amigos, a su descanso... Que escribir un libro no es tan bonito como parece en las películas, que tiene un trabajo y sacrificio enorme detrás. Y que sí, joder, que los escritores también pagamos facturas.

Así que, amigos escritores, la próxima vez que hagáis un crowfunding de esos, tened en cuenta vuestro propio trabajo. Y lectores, apoyad a esos autores que tanto os gustan, porque a pesar de todo lo que he escrito, una de las mayores recompensas que podemos tener los que hacemos esto, a veces, es simplemente una palmadita en la espalda y una recomendación a vuestros amigos.
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Desbloqueando el bloqueo de escritor

Autor bloqueado

El otro día leí en Ebook Hermanos un estupendisimo artículo (como todos los que publican) sobre el bloqueo de escritor. ¡Ya sabéis! Esos momentos, o etapas, en los que un escritor no es capaz de escribir nada. Hay quien dice que eso no sucede, otros dicen que sí sucede, y otros dicen que puedes evitar que suceda.

Yo soy de la opinión de que el bloqueo de escritor sucede y no puedes evitar que suceda. Lo más que puedes hacer es desbloquearte una vez bloqueado. Así son las cosas. O así las veo yo. En el artículo nos hablan de qué tipos de bloqueos existen y como solucionarlos.

Yo he tenido esos bloqueos. No sé si más que nadie, o menos, o igual, pero los he tenido. Normalmente me suceden a mitad de una novela o al inicio, antes de empezarla. A veces, cuando empiezo una historia, me siento en mi ordenador con mi taza de café, mi perrita durmiendo debajo de la mesa, la casa en silencio, después de haber hecho mis 20 minutos de bici, recién duchadito, oliendo bien... Pongo mis dedos sobre el teclado y... no sale una mierda. Escribo un párrafo, no me gusta. Lo borro. Escribo otro. ¡Pero qué asco! Lo borro. Miro el guión previamente escrito. Esto no cuadra. Lo elimino. Reescribo el guión. Vuelvo a empezar con la historia. Escribo un parrafo. Nada, un desastre. Lo borro. Y así sucesivamente hasta que apago el ordenador, cojo el ebook y me pongo a procrastinar (qué palabra más fea ¿no?). Porque sí, leer en esas circunstancias es procrastinar. Siempre me digo: Voy leer un poquito, a ver si me inspiro. Pues no, no me inspiro. Eso es procrastinación. En vez de meterle mano a lo que tengo que hacer, me voy por otros derroteros como excusa para no hacerlo.

Pero aunque en esos momentos lo vea muy negro y piense que no voy a escribir una palabra decente nunca más en mi vida, eso no es así. La realidad es que todos estos bloqueos se superan. Solo tienes que poner los medios para hacerlo y darte tiempo.

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Fragmento de Quinox, el ángel oscuro 5: Ascensión

Portada de Quinox 5: Ascensión disponible en Amazon
Bradley no recordaba gran cosa de su vida anterior. Sabía que había hecho cosas reprobables, que no era una buena persona, pero la verdad era que no sentía ningún tipo de arrepentimiento. Tenía imágenes fugaces, destellos en su memoria que le mostraban la clase de monstruo que había sido. Por ejemplo, recordaba haber violado y asesinado a una mujer; sabía que había secuestrado a un niño y robado un par de bancos. Pero poco más, el resto de sus recuerdos no eran más que una nebulosa que se deshace en jirones.
Y le daba igual. Le importaba bien poco lo que hubiera hecho antes de que aquéllos extraños hombres trajeados le encontraran en un callejón de Raven City, rebuscando en la basura algo que echarse a la boca. A partir de ese día su vida cambió. Nunca supo qué le hicieron, pero tenía unos poderes con los que nunca había soñado, había olvidado toda su vida y estaba agradecido por ello. Luego, le vendieron a aquél hombre, Lance LandWood, como si fuera mera mercancía. Y seguía sin importarle. Allí, en aquél castillo de los Alpes suizos tenía todo lo que quería. Y para él estaba bien.
Los hombres que le acompañaban tenían una historia similar. Todos eran desechos humanos que habían encontrado una nueva vida, acorde a sus intereses. Por eso llevaban los rostros cubiertos por máscaras. No eran nada, no eran nadie. Solo una mercancía que realizaba su trabajo de la manera más eficiente.
—Ese tío era peligroso —comentó uno de ellos que caminaba a su lado, hundiendo los pies en la nieve. Bradley reconoció la voz de Jim—. Tenía alas ¿lo viste?
Su compañero tenía razón. Hasta el momento no habían visto nada igual. Y eso que LandWood hacía todo tipo de cosas extrañas. Desde que estaban allí, habían visto cosas que nadie creería, criaturas de todo tipo. Pero nunca a un humano con alas y espadas de fuego.
—Sí, lo vi —contestó examinando con atención a su alrededor—. Pero ese tío es distinto de las chicas de la semana pasada. Tenemos que ir con cuidado.
LandWood les había ordenado salir al bosque y encontrarle. No podía haber ido muy lejos, pues antes de escapar recibió varias descargas de energía que, estaba seguro, le habían hecho bastante daño.
Tras ellos, el resto del pelotón, formado por diez hombres, caminaba pesadamente entre la nieve, pero todos miraban hacia los lados, dispuestos a atacar en cualquier momento. Había amanecido un rato antes y el cielo aparecía limpio de nubes. Mejor, pensó Bradley, así verían con más claridad.
Levantó el puño de repente, para indicar a sus compañeros que se detuvieran. Todos le obedecieron y miraron con el ceño fruncido hacia dónde Bradley les indicaba. Había visto moverse unos matorrales. Podía ser un conejo o cualquier animal pero nunca se sabía.
Se acercó lentamente, sin hacer ruido. Llevaba el dedo extendido hacia delante con la intención de disparar su descarga en cuanto viera un movimiento en falso. LandWood les había ordenado llevar al hombre vivo y haría todo lo posible porque así fuera, pero tampoco dudaría en matarlo si se veía obligado a ello.
Jim le cubrió desde un lado, para rodear el matorral y evitar la huida. De pronto, una luz negra surgió de la maleza. La cabeza de Jim salió despedida hasta caer en la nieve con un golpe sordo. Todos comenzaron a disparar sus rayos de energía hacia el matorral, pero una sombra surgió de la nube de nieve que habían formado.
Dos alas de cisne negras taparon el sol un instante, mientras la figura volaba sobre ellos. Hizo una pirueta en el aire y aterrizó al otro lado, pillándolos desprevenidos. De un rápido movimiento, la espada negra cercenó dos cuellos y atravesó un estómago. Los supervivientes dispararon, pero la silueta voló hacia un lado y se perdió tras unos árboles.
—¡Maldita sea! —rugió Bradley mientras hacía recuento de los hombres que le quedaban. En un momento había matado a cuatro. Solo le quedaban seis—. Buscadle. Recordad que LandWood lo quiere vivo, pero eliminadlo si no tenéis otra opción. ¿Ha quedado claro?
Varios de sus compañeros emitieron gritos, dando a entender que lo habían comprendido. Bradley se internó en un pequeño grupo de árboles junto a otro de sus hombres. No hablaron. Solo miraban entre las ramas y los montículos de nieve. En cualquier momento podía aparecer ese extraño individuo con alas. Una sombra se movió a su derecha y Bradley se giró a tiempo de ver como otro soldado caía al suelo, con el cuerpo dividido en dos trozos sanguinolentos.
—Cinco —hizo recuento en voz baja—. Solo cinco.
Respirando hondo para tranquilizarse siguió caminando, hundiendo los pies en la nieve. Podía sentir el sudor resbalar por su frente. Nunca se había visto en una situación similar. Siempre fue él el que llevaba las de ganar. No estaba acostumbrado a ver como alguien eliminaba de esa manera a sus hombres.
Algo oscureció el cielo. Cuando Bradley levantó la mirada, solo pudo ver dos alas negras volando a la derecha. Automáticamente se escuchó un desgarrador grito, seguido de un gorgoteo. Y luego el silencio.
—Cuatro —susurró.
—Esto es una locura, Bradley —musitó su compañero a su lado—. Nos está destrozando.
—Solo tenemos que verle —dijo no muy convencido—. Verle y dispararle.
—Pero...
No pudo terminar la frase. De nuevo, la figura apareció volando tras él y se lo llevo, elevándolo en el cielo unos treinta metros. Bradley los vio alejarse con los ojos abiertos como platos. Tuvo que cerrarlos cuando el individuo alado dejó caer al soldado desde las alturas. Escuchó el fuerte sonido de su cuerpo al estrellarse contra el suelo.
—Joder —masculló volviendo a abrir los ojos—. Tres.
Un grito a su izquierda le indicó que ya eran dos los hombres que le quedaban. Algo se movió a su derecha. Bradley se giró repentinamente con el dedo extendido, pero se relajó al ver a su único compañero corriendo entre los árboles. Tenía una expresión en el rostro de auténtico terror.
—¡Corre, Brad! —gritaba—. ¡Corre antes de que...!
La sombra volvió a aparecer. Fue apenas un borrón negro que empujó al hombre contra un árbol con tal fuerza, que Bradley pudo escuchar con total claridad el sonido de sus huesos al quebrarse.
—¡Maldita sea, hijo de puta! —gritó—. ¡Da la cara! ¿Dónde estás?
—Justo detrás de ti.
Bradley se volvió aterrado, con la mano levantada para disparar. Pero un agudo dolor en el hombro le impidió hacerlo. Luego, ese mismo dolor se instaló en su muslo. El hombre que tenía delante, extrajo la espada de fuego negro de su piel y le propinó una fuerte patada en el pecho que le derribó sobre la nieve.
—¿Qué eres? —le preguntó.
El tipo era joven. Debía tener unos treinta años, pero su rostro demacrado y cubierto de sangre le daba un aspecto mayor. Las dos alas negras se elevaban unos dos metros tras su espalda. Eran esponjosas y, aunque a Bradley le resultara increíble reconocerlo, preciosas. La espada de fuego desapareció de su mano cuando se agachó junto a él y le agarró del cuello de la camisa.
—La pregunta es ¿qué eres tú? —le dijo—. ¿De dónde habéis salido? ¿Quiénes sois?

Si te ha gustado no dudes en compartirlo en tus Redes Sociales. También puedes adquirir Quinox, el ángel oscuro 5: Ascensión desde El rincón de Carlos Moreno
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La Biblia de los caídos de Fernando Trujillo y César García se transmuta en manga


El mundo de los escritores independientes está sorprendiendo al sector. Nadie hubiera dicho hace cuatro o cinco años que se podía llegar tan lejos con esfuerzo, trabajo e ilusión. Y sin necesidad de contar con el respaldo de una editorial. Muchos son ya los escritores que viven de sus libros gracias a la autopublicación. Algo que, dicho sea de paso, debía darles que pensar a las editoriales.

Un ejemplo de ello son Fernando Trujillo y César García que, con sus sagas La prisión de Black Rock, La guerra de los cielos y La Biblia de los caídos, han puesto su nombre en lo más alto del panorama independiente español y mundial.

El próximo movimiento de estos autores es la versión manga de La Biblia de los Caídos, realizada por Farm Graphic, de la que ya podemos ver su página 3 completamente terminada.



¿Qué os parece? A mí personalmente, me ha encantado.
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¿Y ahora qué?

Mono pensando en qué escribir ahora
¿Y ahora qué? ¿Víctor Alias? ¿Novela nueva? Umm...
¡Buenas, Eternos!

Mi última novela publicada fue Riverside Falls, una historia de ciencia ficción sobre un pueblo y ciertos misterios que los personajes tienen que desentrañar. La verdad es que me gustó mucho escribir esa historia porque me volví un poco loco para hacerlo. No hice guión, ni fichas de personajes, ni nada que se le pareciera. Usé el método King, que consiste en escribir y a ver qué va saliendo. Y creo que salió bien.

Pero hoy no quería hablaros de Riverside Falls. Hoy quiero hablaros de mi próxima novela... que no tengo ni puñetera idea de cual va a ser. Porque ese es el problema después de terminar una historia. ¿Y ahora qué?

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El retorno de La guarida de las palabras

¡Carlos está aquí!


¡Hola!

Rectificar es de sabios. O eso dicen. No me considero sabio pero sí una persona que sabe echar marcha atrás y darse cuenta de lo que le conviene. Hace un año, o cosa así, decidí dejar esta blog y comenzar una nueva etapa en Wordpress. Wordpress me ofrecía cosas que Blogger no me daba. Los diseños tienden a ser más bonitos. Son como más profesionales, ¿sabes? Más chulos.

Así que allá que me fui. Cogí mis bártulos y me largué a la competencia. No diré que fue un error, porque eso me permitió aprender a manejar Wordpress y desenvolverme con soltura con él. Pero... seré sincero, no terminaba de gustarme. Las visitas tardaban en llegar, no había movimiento. Me aburría.

Supongo que será porque este blog en el que estáis ahora llevaba mucho tiempo online cuando lo dejé. Tenía ya un posicionamiento en los buscadores, una serie de lectores que, por alguna razón, no llegaron a cambiarse al Wordpress.

Muchas cosas han pasado en este año. He publicado varias novelas, he comenzado una andadura en el terreno del Community Management, he conocido a mucha gente interesante, pero La guarida de las palabras siempre seguía en mi mente. ¿Cómo iría la cosa por allí?

Pues el otro día me dio por entrar y comprobé que, aunque hacia un año que no actualizaba nada, el blog seguía muy vivo. La gente seguía visitándolo. Haciendo números, La guarida de las palabras tenía en día más visitas que El rincón de Carlos Moreno en una semana.

Una de las cosas que he aprendido en los varios cursos de Community Management que he hecho es que tenemos que estar donde está nuestro público, dónde están nuestros amigos. Así que... ¡aquí estoy!

Esto no quiere decir que vaya a dejar el otro blog, no. El rincón de Carlos Moreno seguirá activo, pero más a modo de noticias, tanto de mis libros o noticias ajenas a mí, o cosas de Social Media. Aquí, en La Guarida de las palabras, es dónde me voy a abrir a vosotros. Aquí os contaré cómo van mis libros, qué estoy leyendo, las series que veo y todo lo que considere que pueda ser de vuestro interés. No, no os voy a contar cuantas cucharadas de azúcar me echo en el café. Eso sería pasarse... ¿o no?

En realidad, no va a haber muchos cambios. Toda la información sobre mis libros, dónde comprarlos, sinopsis... todo eso estará en El rincón de Carlos Moreno. Este blog, La guarida de las palabras quiero que sea algo ajeno a todo el tema mercantil. Quiero que sea mi casa, vuestra casa, un lugar donde pasarlo bien hablando de las cosas que nos unen: libros, cine, series...

¿Queréis participar en esta nueva etapa? Yo sí, estoy ansioso por empezar. ¿Me acompañáis?
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