3/3/10


Una brisa de aire jugueteó con la cabellera castaña de Dorian Larkin. El fundador de la resistencia caminaba a través de una extensa llanura del planeta Mussar. A su lado, los demás tripulantes de El Heraldo espacial le acompañaban con la mirada perdida en el horizonte.
Todos excepto Jinx que se había adelantado unos pasos y abrazaba a Bublin entre sus brazos. Le había costado trabajo decidirse, pero al final había tomado la decisión. Su vida, la de sus compañeros, era demasiado peligrosa. Y Bublin no se merecía eso.
Recordó lo mal que lo había pasado cuando, después de que escaparan de la nave nodriza de Hack en Looner, se había acordado de su mascota. Habían sucedido tantas cosas ese día que ni siquiera había reparado en ella. Por eso, cuando pasaron los momentos siguientes a la explosión de la nave y ellos estuvieron a salvo, volando bien lejos de Looner a bordo de la nave que habían robado, el simpático animal había regresado a su cabeza.
El Heraldo espacial quedó destruido y Jinx se temió lo peor, pues la última vez que le había visto estaba en el interior de la nave. Por fortuna, mientras la tripulación se lamentaba de la pérdida de su mascota. El animal había asomado el hocico tras una silla. Al parecer, de alguna manera, Bublin había logrado escapar del accidente del Heraldo y ocultarse en el caza en el que ellos estaban.
Por supuesto, todos se alegraron de la súbita aparición de Bublin, pero en sus cabezas planeaba la culpabilidad. Días más tarde decidieron llevar a su mascota a su planeta natal, Mussar. Allí viviría con sus iguales, esperaban que seguro y feliz.
—Adiós, Bublin —se despidió el piloto con lágrimas en los ojos mientras acariciaba el suave pelaje del animal. El animalillo emitió un sonido y rozó su cabeza con la mano de Jinx—. Te echaré de menos.
Una mano se posó en su hombro y, cuando Jinx desvió la mirada, se encontró con los afables ojos bicolores de Dorian. Su capitán le observaba con una media sonrisa que intentaba transmitir comprensión.
—Deberíamos hacerlo ya, Jinx —le dijo Larkin—. Cuanto antes lo hagamos, mejor.
El piloto asintió con la cabeza. Dorian tenía razón. No servía de nada retrasar más la despedida. Agachándose lentamente, Jinx posó a su mascota en el suelo.
—Adiós, amigo —susurró Larkin inclinándose sobre el animal, que comenzó a correr de un lado a otro.
El resto de la tripulación se reunió con ellos y, juntos, vieron que entre los arbustos que salpicaban la llanura en la que estaban, comenzaban a surgir más animales como Bublin.
Su mascota se volvió loca entonces y comenzó a corretear detrás de sus iguales. Poco a poco, Bublin fue perdiéndose de vista.
—Es mejor así —comentó Bran frotándose los ojos—. No me lo perdonaría si llegara a pasarle algo a ese bicho.
Larkin, por su parte, continuó con la mirada fija en el lugar en el que el animal se había perdido.
—Volveremos a por él —dijo—. Algún día.


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Carlos Moreno Martín. Con la tecnología de Blogger.

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