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¿Cual es el origen de la expresión "Vete al carajo"?


Una cosa que siempre me ha llamado la atención es saber el origen de ciertas frases o expresiones que usamos de vez en cuando. Ayer aprendí por qué mandamos al carajo a alguien cuando estamos hartos de él.

¿Conocéis esa pequeña canastilla que había en las naves antiguas en lo alto del palo mayor? ¿Esa en la que el pirata de turno se subía con su catalejo y gritaba: "¡¡¡Tierra a la vista!!!!". Pues esa canastilla se llamaba carajo. Como estaba tan alta, el carajo se meneaba que daba gusto así que ningún marinero quería subirse ahí.

Pero los capitanes de aquella época, que eran muy capullos, tenían la fea costumbre de que, cuando un marinero cometía alguna falta, lo mandaban allí como castigo. De ahí viene la expresión: Vete al carajo.

Cuando te mandan al carajo, te mana ahí.
¡Pero hay más! Porque cuando ese marinero bajaba de allí estaba como si se hubiera bebido cuatro cubatas y un calimocho, mareado perdido. Y por eso, cuando alguien no acierta ni una decimos que no vale un carajo.

Y, claro, con ese panorama, nadie tenía la más mínima intención de subirse ahí arriba con el meneito y los mareos y las vomiteras y todo eso. De ahí que ciertas cosas nos importen un carajo.

Parece mentira, pero el carajo de los barcos es algo muy importante en nuestro lenguaje. Tenedlo siempre en cuenta.

Si os ha gustado la entrada, me encantaría que la compartierais. Pero si pensáis que os importa un carajo porque no vale un carajo y queréis que me vaya al carajo... pues no la compartáis.
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3 sagas de novelas superheroicas que no te puedes perder

De unos años hasta ahora, los superhéroes están dando mucho que hablar. Superhéroes en los cómics (como siempre), en el cine, en las series, incluso hay anuncios de televisión con justicieros como protagonistas o con cierto aire a cómic. Pero ¿y las novelas? ¿Hay novelas de superhéroes? Parece que, por ahora, el libro se les resiste a los encapuchados (o no encapuchados, hay de todo). Pero, sin embargo, hay excepciones. Algunas han llegado a nuestro país, otras no. Pero están ahí, esperando su momento.

Esta es una recopilación de algunas de esas novelas, publicadas en España.


Crónicas de un héroe urbano + Tiempo de héroes




Hace unos años Daniel Estorach escribió Hoy me ha pasado algo muy bestia, una historia en la que el protagonista, Daniel, descubría que tenía ciertos poderes y decidía ponerse a servir a la justicia. Puede parecer un argumento algo manido, pero si os digo que la historia se desarrolla en Barcelona y que, además, está contada como si se tratara de un blog escrito por el protagonista, la cosa cambia, ¿a que sí?

¿Y si además os cuento que esa historia ha evolucionado hasta convertirse en toda una serie de relatos y novelas protagonizadas por otros personajes y escritos por diferentes autores? Esa magna obra se llama Tiempo de héroes. Podéis visitar su web aquí.

Wild Cards




Wild Cards es una serie de 20 novelas de las cuales solo 4 han llegado a nuestro idioma. Más que novelas son antologías de relatos con un nexo de unión. Coordinado y editado en los años 80 por George R. R. Martin, Wild Cards nos cuenta cómo en el año 1946 un virus extraterrestre se extiende sobre Manhattan, dotando a los que sobrevivieron a él de superpoderes.

Saga Reckoners




Brandon Sanderson nos trae esta saga en la que los superhéroes son los malos. Algo ha sucedido en el cielo y ha dotado de superpoderes a determinadas personas, llamadas Épicos. Pero no creas que van a hacer el bien, no. Por el contrario se dedican a esclavizar y putear todo lo que pueden. Son los humanos los que deben hacer frente a esa situación. Los Reckoners son la resistencia, decididos a acabar con los Épicos aunque en ello les vaya la vida.

Evidentemente, en esta lista falta una saga muy importante para mi porque la estoy escribiendo yo. El Universo Quinox no está en ella porque… bueno, porque es mi blog y en él ya tenéis suficiente información sobre él.

¿Os ha gustado la entrada? Si es así, los superhéroes y yo os estaremos agradecidos si la compartís en vuestras Redes Sociales. y, por supuesto, si conocéis más novelas de superhéroes, no dudéis en hablar de ellas en los comentarios.
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Villanos, villanos, villanos

Ahh, el malo. Ese personaje tan importante en toda buena historia; ese capullo de voz profunda que pone en aprietos a nuestro héroe. El malo es uno de los personajes más importantes de una novela. Pero que sea importante no implica que haya unas reglas para crearlo. El villano de la función puede ser tan malo y tan cruel como tú quieras. Incluso no hace falta que sea una persona.

Porque un villano tiene muchas caras. Puede ser desde un demonio encerrado en una prisión que se está rompiendo hasta un jarrón de porcelana china. El quid de la cuestión es que haya algo que ponga en aprietos al protagonista: ese algo es el villano.

Pero todo esto entraría en el ámbito de la técnica literaria y yo no estoy aquí para enseñar. De hecho, me vendría muy bien que me enseñaran a mi. Yo estoy aquí, en este blog, para hablaros de mis malos, de cómo me gustan que sean los villanos de los libros que escribo o que leo. Y a mi me gusta que sean... malos. Muy, muy malos.

Los que hayáis leído mis novelas sabréis que los enemigos a los que mis personajes se tienen que enfrentar son esos amigos que nunca querrías tener. Despiadados, crueles, sanguinarios, traidores, mentirosos... Lo que en la calle se llama un hijolagranputa, vamos.

Porque en cierto modo, los malos son como nuestra parte oculta ¿no? No todos somos completamente buenos o completamente malos. Somos una especie Ying y Yang; una especie de Fuerza con su lado oscuro y luminoso. Un escritor, cuando escribe una novela, pone mucho de sí mismo en los personajes. Evidentemente lo exageramos, claro. No es que vayamos por la vida matando gente. Pero siempre hay algo de nosotros mismos en cada personaje o escena.

Por eso me gustan los malos como Pete "El rompehuesos" de las tres primeras entregas de Quinox o el villano de Riverside Falls (decir su nombre sería hacer spoiler), porque son humanos. El ser humano es cruel, en mayor o menor medida, no podemos evitarlo. Otra cosa es que tengamos más en el lado de la balanza del bien que en la del mal. Pero todos tenemos algo de villano. Nuestro trabajo como escritores consiste en coger esa parte mala, esa parte de villano que todos tenemos, y convertirla en algo nuevo, en un personaje que el lector quiera leer.

Por eso, desde aquí, desde este humilde blog entono una ovación por esos villanos que putean todo lo posible al bueno. Porque sin ellos no habría aventura, sin ellos no habría sufrimiento. Y otra cosa muy importante en una buena historia es que el bueno sufra, que sufra todo lo que pueda, para al final, lograr resurgir como un Ave Fénix.
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Sobre la Marca Personal de un escritor


Esta entrada no sabía si escribirla en El rincón del Community Manager o aquí, ya que podría entrar en cualquiera de los dos. Pero como más que un tutorial es una reflexión sobre el mundo del escritor, creo que podría colar mejor aquí ¿no?

Como sabéis, soy un culo inquieto e intento abrirme paso en varios mundos a la vez: el de la literatura y el del Community Management. Aunque no lo creáis, ambos mundos están muy relacionados. Primero hay que escribir la novela (mundo literario) y luego hay que promocionarla (marketing).

Sí, ya sé que hablar de marketing o cualquier cosa mínimamente relacionada con beneficios en la literatura está muy mal visto, pero no podemos cerrar los ojos a la realidad. Tú puedes escribir la mejor novela del mundo, pero si la gente no sabe que existes (tú o tu novela) no sirve de nada. Así son las cosas.



Pero vamos, que no estoy aquí para hablar de marketing. De lo que quiero hablar es del concepto de Marca personal de un escritor. ¿Qué es? ¿Cómo llevarla a cabo? En el Rincón del Community Manager pondré una serie de artículos dedicados a ese tema (los iré subiendo poco a poco).

He leído mucho sobre eso, pero casi ningún artículo en internet arroja mucha luz más allá del "conócete a ti mismo", "habla de lo que sabes" y tal. El problema es que esos artículos están enfocados hacia una Marca Personal general. Por mi experiencia, la Marca Personal (en adelante MP) de un escritor es ligeramente distinta.

Por ejemplo, siempre nos dicen que tenemos que tuitear enlaces sobre nuestro nicho de mercado. Eso, cuando hablamos de la MP de un electricista está muy bien. Pero un escritor no es un electricista. Cuando hablas de un electricista quieres que sepa hacer bien su trabajo. Pero si hablamos de un escritor (o artista en general) quieres conocer su vida, conocerle a él/ella, aparte de su trabajo.

Ahí es donde fallamos (por lo menos donde he estado fallando yo). No digo que no haya que hablar de tu nicho, eso es algo obligatorio. No solo por darte a conocer sino porque, si escribes novela fantástica, lo normal es que hables de ello, ya que es tu mundo. Pero tenemos que mostrarnos. Tenemos que decirle al mundo: "Eh, aquí estoy".

A veces, nos volvemos tan locos por buscar nuevos lectores que se nos olvidan los que ya tenemos. A esos lectores, los fieles, no les interesa demasiado que les digas que Brandon Sanderson va a sacar un libro nuevo. Esos lectores lo que quieren es saber cómo va tu nueva novela, qué haces cuando no estás escribiendo, qué música te gusta. Quieren, en definitiva, conocerte un poco mejor y formar parte de tu vida.

Y, aunque no nos guste, eso forma parte de la MP de un artista. De alguna manera, tenemos que exponernos porque, en cierto sentido, somos personas públicas. Sin exagerar, claro, manteniendo un filtro entre lo que quieres mostrar y lo que no. A nadie le importa que te vayas a comer una hamburguesa, a menos que la hayas hecho tú y sea algo especial (o que seas Stephen King).

Podría seguir hablando del tema, pero la entrada saldría demasiado larga. Tal vez, más adelante, escriba otra con las conclusiones que extraiga de todo esto. Porque no podemos olvidar una cosa. Todo esto es un juego, un constante prueba y error hasta dar con la solución correcta.

¿Qué opináis vosotros? ¿Debe un artista hablar exclusivamente de literatura y de sus libros? ¿Debe o puede exponerse un poco? Tenéis la palabra.


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Los mercenarios


Debo reconocer que Silvester Stallone nunca me ha llamado la atención, ni él como actor ni las películas que hace. Ni he visto la saga de Rocky, ni la de Rambo. Por eso, el sábado pasado estaba reacio a poner en mi DVD la película que tanto ha dado que hablar en los últimos años: Los mercenarios. Vale, lo reconozco, en público. Craso error. Pero no ponerla, no. El error es no haberla visto antes. Disfruté tanto viendo la primera aventura de este grupo de inadaptados que en dos días me fulminé la trilogía entera.

La verdad es que, aparte de tener tanta estrella del cine de acción en una sola película, la saga de Los Mercenarios no tiene nada de especial. Y es precisamente por eso por lo que me ha gustado. Son películas que no se toman en serio ni a sí mismas. Están haciendo una chorrada, y lo saben, y lo disfrutan. Y eso forma parte de su encanto.

Hay explosiones, peleas, tiros, sangre (sobre todo en las dos primeras) y guiños, muchos guiños a sus actores (He vuelto, dice Schwarzenegger tras entrar en la mina con el tractor). Por no hablar de apariciones estelares como la de Chuck Norris en la segunda entrega, que aparece así por toda la puta cara, solo por salir en la película, y luego se va… para volver a aparecer de repente en la escena final. Así, sin ninguna explicación. Eso sí, dejando tras de sí diálogos épicos como el de la serpiente y destruir él solito un ejercito de casi cincuenta hombres (y está en baja forma, dice el tío).


Mención aparte merece la tercera entrega con un personaje que a mi, personalmente, me ha encantado. Hablo de mi paisano Antonio Banderas, que hace una interpretación cojonuda de un tío que va acelerado por la vida. No para de hablar el cabrón, llegando a poner de los nervios, no solo al bueno de Sly sino también al espectador. Es sin duda, uno de los puntos cómicos de una tercera parte que, vale, no tiene sangre, pero tiene a Ford, Stallone, Gibson, Snipes, Lundgren, Sthatan, Li, Schwarzenegger…



En definitiva, si queréis desconectar el coco, echaros unas buenas risas y revivir aquéllos maravillosos ochenta mientras veis explosiones, testosterona, sangre y tiros, no podéis dejar pasar una saga que, si bien no pasara a la historia del cine, al menos nos permite pasar un buen rato.

Esperando Los mercenarios 4. Ya.
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