25/2/16


Una cosa que siempre me ha llamado la atención es saber el origen de ciertas frases o expresiones que usamos de vez en cuando. Ayer aprendí por qué mandamos al carajo a alguien cuando estamos hartos de él.

¿Conocéis esa pequeña canastilla que había en las naves antiguas en lo alto del palo mayor? ¿Esa en la que el pirata de turno se subía con su catalejo y gritaba: "¡¡¡Tierra a la vista!!!!". Pues esa canastilla se llamaba carajo. Como estaba tan alta, el carajo se meneaba que daba gusto así que ningún marinero quería subirse ahí.

Pero los capitanes de aquella época, que eran muy capullos, tenían la fea costumbre de que, cuando un marinero cometía alguna falta, lo mandaban allí como castigo. De ahí viene la expresión: Vete al carajo.

Cuando te mandan al carajo, te mana ahí.
¡Pero hay más! Porque cuando ese marinero bajaba de allí estaba como si se hubiera bebido cuatro cubatas y un calimocho, mareado perdido. Y por eso, cuando alguien no acierta ni una decimos que no vale un carajo.

Y, claro, con ese panorama, nadie tenía la más mínima intención de subirse ahí arriba con el meneito y los mareos y las vomiteras y todo eso. De ahí que ciertas cosas nos importen un carajo.

Parece mentira, pero el carajo de los barcos es algo muy importante en nuestro lenguaje. Tenedlo siempre en cuenta.

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Carlos Moreno Martín. Con la tecnología de Blogger.

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