Me gusta leer.
Soy lectora desde que tengo uso de razón.
A los tres años sabía leer y escribir.
Todo se lo debo a mi abuela y a mi madre. Hacerme crecer entre libros fue la mejor educación que podían darme, y hoy en día soy una mujer que ha vivido mil vidas, además de la mía propia. Y sin contar las que viviré en el futuro,

Cientos de escritores han contribuído a mejorar mi vida. Me han enseñado miles de cosas a través de sus historias. Me han educado en la tolerancia, en el glamour, el miedo, el savoir faire y el juego limpio; también me han enseñado a esconder un cadáver y a salir indemne de más de un aprieto, a jugar con fuego sin quemarme, a comprender otras culturas que me son ajenas y a las que he llegado a estimar sin dejar de ser yo misma y sin que me apartaran de mis creencias.
He viajado al espacio, descendido a las profundidades de la Tierra; he vivido en la piel de un detective, de un guerrero de la edad media, y he sentido en mis labios el sabor de la sangre de un héroe moribundo, y el de un beso robado a una mujer que luchaba por defender sus ideas
Todo ello forma parte de mí.

Carlos Moreno es uno de esos escritores que han dejado su huella en el viaje que inicié desde niña, cuando comencé a leer los cuentos que me compraba mi madre.
Carlos me devolvió la fe en los héroes de mi infancia.
Y lo hizo en un momento en que yo echaba de menos a esos héroes. Me atrapó con su universo particular en la serie Quínox, con el miedo en Habitación Fantasma; Víctor Alias (soñé con él en más de una ocasión), es uno de esos personajes que recordarás toda tu vida gracias a los Cazadores del Inframundo. Podría hablar de cada una de sus historias sin cansarme, pues todas ellas se enmarcan en lo que yo llamaría “entretenimiento puro y duro”, así, sin más. Carlos Moreno no quiere hacernos pensar, quiere que nos desconectemos, que soñemos con un mundo mejor en el que la Justicia, con mayúscula, termina imponiéndose frente a cualquier amenaza que pueda alterar nuestras vidas. Eso es así porque Carlos es un soñador, y tiene muchas historias guardadas en un cajón, esperando a caer en nuestras manos para darnos alas y dejarnos caer en sus mundos imaginarios de fantasía sin malicia.
Tengo mucho que agradecerle como lectora, pero también como escritora.
No sólo ha conseguido hacerme soñar, sino también aprender a ser mejor a la hora de escribir. Con un estilo muy “visual”, las historias que nos ofrece se marcan a fuego en la retina del lector, dejándole un deseo absoluto y apremiante de ver las palabras escritas plasmadas en las imágenes que se representan en nuestra mente.

Gracias, señor Carlos Moreno. Por todo. No deje nunca de escribir.
Tantos héroes, tan poco tiempo...

Carolina Márquez Rojas


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