2/3/11

Portada diseñada por Laura Morales

La noche cae ya sobre la ciudad y poco a poco las luces se apagan. Tan lentamente que parece como si la oscuridad invadiera su vida, al igual que el agua se desliza suavemente sobre el lecho rocoso de un río.
Esta sentado en un sillón. El humo de su cigarro se eleva formando una perfecta línea recta hacia el techo y piensa que ojala el mundo fuera distinto. Fija su vista en la pared del fondo. Tan blanca que se diría que es ajena al dolor que aprieta su corazón. Como si de una pantalla de cine se tratara ve pasar su vida. Dolores, anhelos, deseos, alegrías... Pero sobre todas esas sensaciones predomina una: tristeza.
Toda su vida había sido gris y oscura, como el cielo nocturno que dominaba su ciudad, apenas salpicado por algunas estrellas. Solo una luz brillaba en su particular cielo nocturno. Y ahora esa estrella ha desaparecido. Se borro en un instante, como se borra una bella pintura cubriéndola con una capa negra. Y ahora él está solo, perdido en un mundo que no tiene sentido sin la lumbre que le guiaba antes. Ya nada volverá a ser lo que era.
Aplasta el cigarro en el cenicero y se levanta lentamente sin dejar de observar los restos de ceniza y después dirige su mirada a la puerta del balcón. Nada vale la pena ya. Nada le hará volver a reír, aunque antes no lo hiciera demasiado a menudo. Emite una leve sonrisa amarga. Resulta irónico que todo acabe así. Toda la vida deseando una existencia libre y feliz, y en ese momento lo único que le proporciona la tan ansiada libertad es la muerte.
Atraviesa la puerta del bacón con paso firme, decidido. Las luces de la ciudad se extienden ante él y piensa que dentro de poco no será una más entre ellas. Eso le anima a subir a la barandilla y guardar el equilibrio. Piensa que es curioso. Precisamente lo que no quiere es guardarlo. Pero es un movimiento intuitivo. Cosas de la naturaleza, se dice.
Mira hacia abajo. El suelo está lejos. Mejor. Cierra los ojos sintiendo el aire golpear su rostro. Se inclina hacia delante. Siente su equilibrio desaparecer.
"Te quiero".
Sus ojos se abren de golpe. Su cuerpo se endereza y queda de pie en la barandilla del balcón, con los brazos abiertos en cruz mirando al frente. Ha reconocido esa voz. La misma voz que le susurraba palabras al oído en las interminables noches de invierno. La misma que le saludaba al llegar del trabajo cada tarde.
"Hola, cariño".
Ella está allí. Gira su cabeza, buscándola con desesperación mientras las lágrimas recorren su mejilla cubierta por una barba de tres días que no había tenido ganas de afeitar. Baja de la barandilla y observa el interior de su casa a través de la ventana. No la ve. Pero la siente. Sabe que ella nunca más volverá a sentarse en el sillón a ver la televisión, ni observará el mar con ojos soñadores. Pero en ese momento, el sabe que está allí. Vuelve a entrar en la casa. Se vuelve a ver invadido por la oscuridad y el frío que desprende aquel hogar incompleto. Pero en ese momento hay algo más. Algo que un momento antes no estaba allí. Sus pasos le dirigen inconscientemente a su habitación. La cama sigue allí, deshecha, vacía y fría. Pero en la oscuridad algo brilla con fuerza. Ella está allí. Puede verla. Asustado y esperanzado se derrumba quedando de rodillas sin poder apartar la mirada de aquella visión hermosa y aterradora al mismo tiempo.
Su cuerpo es etéreo, semitransparente. Parece más bien la silueta de ella esculpida con humo. Pero en sus ojos sigue viendo la felicidad que emanaba de ellos solo tres días antes. Su cuerpo sigue desprendiendo el calor de siempre. Él intenta acercarse a ella caminando con las rodillas golpeando el suelo. Desea abrazarla, besarlas, acariciar su cabello. Pero en el fondo sabe que no será posible.
"Siempre estaré aquí". Susurra ella como en un sueño.
Y entonces se disuelve de la misma manera que el humo del cigarro cuando se encontraba con el techo. Y él vuelve a quedar solo en el frío suelo de la habitación. Llorando, pero con el corazón henchido de esperanza. Sintiendo algo que no había sentido antes. Algo nuevo para él. Paz.
Porque sabe que ella siempre estará allí.

Relato disponible en la antología El guardián de la fantasía. Disponible en El rincón de Carlos Moreno

2 susurros en la guarida:

frasiter dijo...

FELICIDADES POR UN TUBO

Carlos Moreno Martín dijo...

Gracias, frasiter!!!!

Carlos Moreno Martín. Con la tecnología de Blogger.

¡Suscríbete y recibe las nuevas entradas en tu mail!

El rincón del Community Manager

Archivo

Posts populares